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Adicción

El mundo digital, los móviles y las redes sociales se han convertido en parte esencial de la vida cotidiana de las personas de todo el mundo. Sin embargo, se mantiene la sombra de su mal uso.

 

Hablamos de un uso abusivo de los dispositivos cuando se produce una tendencia desproporcionada al uso de la tecnología y limita nuestra libertad por la gran dependencia que ello supone. La tecnología no es perjudicial en sí misma, pero sí el uso que se hace de ella.

 

Cuando las cosas nos hacen sentir bien, las hacemos más a menudo. Con el tiempo se convierte en automático, es decir, en hábito. Nuestra ‘memoria muscular’ perpetúa este continuo chequeo de nuestros móviles, aunque no sea útil y ya no nos haga sentir tan bien. ¿Te suena alguna de estas sensaciones?

  • Tic: ¿Sientes la necesidad de mirar a tu móvil, aunque lo miraste hace diez minutos?… bueno, ¿hace 30 segundos?
  • Pinchazo: ¿Sientes sorpresa y nerviosismo por dejar el móvil en casa? Eso es un pinchazo.
  • Vibración fantasma: ¿Sientes vibrar tu móvil pero realmente es tu imaginación?
  • Suspiro celoso: ¿Hay demasiadas personas a tu alrededor que quieran envidiar su ubicación? ¿O tienes amigos que cuando están contigo dejan sus móviles fuera «por si acaso»?

Todas estas sensaciones demuestran que nuestros móviles están diseñados para atraernos. Los teléfonos inteligentes (smartphones) son divertidos y útiles. Pero también son potentes herramientas de atracción.

 

Existen formas de averiguar la dependencia de los dispositivos tecnológicos. Algunos indicadores para saber si tienes dependencia son:

  • Mirar el móvil constantemente y hacer que eso sea una prioridad (dejando de hacer otras cosas).
  • No poder salir de casa sin móvil.
  • Sentir vibraciones sin tener móvil.
  • Alteración del sueño, ligado a la necesidad de utilizar el móvil y debido a la permanente presencia de la pantalla.
  • Malestar por estar en zonas sin conexión a red.
  • Las dificultades en las relaciones interpersonales. Preferir comunicarse a través de un móvil que de forma presencial.
  • No apagar nunca el móvil y ponerse nervioso y agresivo en caso de que no se pueda utilizar.

El tiempo transcurrido desde que los dispositivos digitales se expandieron y normalizaron entre nosotros ha dado lugar a una serie de consecuencias sobre los daños que la dependencia produce. En los niños, por ejemplo, influye en la capacidad de hablar, que les retrasa. Afecta directamente al desarrollo cognitivo y al rendimiento escolar. En los dispositivos tecnológicos tenemos todo lo que queremos a un solo click, por lo que aumenta la inquietud entre los usuarios por querer conseguir las cosas al momento. Por último, también provoca obesidad e incapacidad para dormir.

 

Sin embargo, existen algunos pasos para hacer frente y anticiparse a esta dependencia.

  • Conocerte a tí mismo. Descubre tu relación con tu móvil. Un día normal, presta atención a cómo y por qué usas tu móvil.
  • Utilizar avisos físicos para el seguimiento. Crear algunas notas al estilo «¿Por qué ahora?» o «libérame». Fotografíalas y ponlas como fondo del escritorio del móvil. Así, que al coger el móvil, lo primero que verás será ese aviso. También puedes probar la aplicación Space (‘Espacio’) que carga en 10 segundos para abrir una aplicación en tu móvil. Ese descanso te da tiempo a tomar conciencia de tus hábitos y a relajarte con tu ‘piloto automático’.
  • Renunciar al uso de dispositivos digitales durante las comidas y antes de dormir.
  • Cámbialo de sitio. ¿Lo primero que haces al despertar y acostarte es mirar tu móvil? ¿Cuando estás comiendo lo pones encima de la mesa? ¿Lo revisa cuando vas al trabajo? Puedes establecer una distancia física a tu móvil para facilitar una distancia emocional. Cargar lejos de la cama, guardar en una cesta cuando estés trabajando, si puedes, déjala de vez en cuando en casa. Una buena opción es no tener ningún dispositivo digital en la habitación.
  • Deshabilitar notificaciones. Si las notificaciones de las diferentes aplicaciones aparecen constantemente en la pantalla de tu móvil y te roban tu atención, deshabilítalas. Para ello deberás pulsar el botón “deshabilitar notificaciones” en cada aplicación.
  • Cambia tu pantalla a colores grises. Las pantallas coloridas nos atraen a pasar más tiempo con el móvil. Pon un tono gris a la pantalla y comprueba si esta semana miras menos.
  • No utilices las pantallas como «relajantes» en situaciones en las que debas esperar, como el médico, la estación de autobuses, etc.
  • Limitar aplicaciones. Si tu objetivo es pasar menos tiempo en Facebook, Instagram o Tik Token, cambia la implantación de las aplicaciones y los permisos para que se adapten a tus necesidades.
  • Piensa lo que haces. Cuando instales una nueva aplicación revisa los trucos que utiliza para pegarte a la pantalla. ¡Sé consciente!
  • Prepara rituales “concentración”. Colocar tu móvil en silencio o sin vibraciones evitará distraerte cuando recibas una notificación o llamada. Así mismo, si tienes costumbre de poner el móvil encima de la mesa, prueba a darle la vuelta para que esté boca abajo. Otros métodos pueden ser apagar tu teléfono o alejar físicamente el teléfono (bien en una caja, en tu bolsa,…).
  • Compartir y animar. Comenta a tu amigo y familia que quieres seguir estos consejos porque ellos te ayudarán. Es más, ¡anímate a trabajar estas técnicas contigo!

Después de todo esto, necesitamos saber que los dispositivos tecnológicos y en concreto los móviles, nos han facilitado mucho nuestro modo de vida, porque son recursos que nos ayudan en muchas cosas. Sin embargo, todo cambia cuando hacemos un uso abusivo de los mismos, ya que los recursos digitales son de gran ayuda cuando se hace un uso adecuado de los mismos. Cuando pasamos mucho tiempo delante de las pantallas no nos damos cuenta de lo que ocurre a nuestro alrededor, porque tenemos la atención en la pantalla. También está bien dar más valor a nuestro entorno, a la vida real, y tomar conciencia de las cosas que pasan, para lo que es necesario levantar la cabeza. Mantener relaciones con el entorno nos ayuda a desarrollar nuestras capacidades interpersonales y a conocer mejor el entorno. Estar delante de la pantalla nos lleva a vivir otra dimensión que está fuera de la realidad. La vida continúa mirando la pantalla mientras pasamos todo el tiempo y ese tiempo perdido en la vida real no se puede recuperar de nuevo.